ALCOBA ROJA

De la Alcoba Roja a la Zona Púrpura por la ruta del amor solidario, por Ariel Santiago Bermúdez

La obra que les presentamos es una propuesta filosófica que integra la lírica y la narrativa en un mismo campo de batalla. Para bien o para mal, este libro no contiene prólogo. Acaso sea el silencio para la sorpresa del lector. La obra literaria está dividida en dos partes significativas: Alcoba Roja, un poemario de cuarenta y tres fragmentos líricos; y, Zona Púrpura, doce cuerpos narrativos. Verso y prosa. Poesía y narrativa. Ciento veinte páginas de combate simbólico. Existe una relación directa entre ambos títulos. Alcoba es el espacio amplio e íntimo donde el ser humano proyecta un cúmulo de actividades personales y colectivas. Roja, el adjetivo, traslada la imaginación a un comportamiento ardiente, pasional, llameante, encendido de fuego, llama y sangre. De igual manera, definimos Zona como un territorio de mayor alcance y Púrpura, como el color emblemático del heroísmo en la milicia (corazón púrpura), el color oscuro de la sangre representado en el valor.

Incendio

“El amante es un pueblerino

que no me deja porque me sabe

temerosa todavía.”

La escritora plantea su tesis a través del discurso erótico en una sombra bicéfala que sueña. Las voces líricas y narrativas se intersecan para dar paso a la formación de una llamarada donde se unen.

Esposo bueno

“ Riégame cada pedazo con neuronas ágiles

llena mi sed con tu venida y llega

con firmeza a mis esquinas”.

Esta exhortación es evidencia de que solo se conquista al hombre y se vence, a través del amor. El lector quedará atrapado entre dos rayos que unen sus virtudes con el propósito de encadenarnos a su propuesta. Con visos de premeditación y alevosía, la autora, a través de las dos voces responsables de proyectarse como personajes, no invitan al lector a entrar a escena. No. Lo empujan al escenario y se convierte en personaje.

Tríptico

“Fuego purificante, labio visionario de

eternidad ardorosa

poseyéndonos.”

La primera y segunda parte plantean un conflicto de pasión, amor, romance, intensidad y erotismo para justificar el valor de la mujer escritora y el rompimiento con el canon establecido al fortalecer la visión de una mujer comprometida con las causas liberadoras, feministas y en claro homenaje a la mujer hispanoamericana. La “alcoba” no es una cama, sino que se convierte en un continente ardiente. La voz lírica, en un cuestionamiento incisivo interroga, en el poema Invitación:

“¿Acaso habrá paz sin justicia

acaso habrá pan sin trabajo

acaso habrá poesía sin fuego?”

Carlos Bousoño, en la Teoría de la expresión poética señala: que ante el enigma no reconocido por la razón, el resultado es una imagen visionaria que la mente recoge como estructura irracionalista. No busques razón, no busques lógica en la poesía contemporánea. Extisten dos rivalidades en la poesía: la verdad y la mentira. Para Miranda, la verdad es la transfiguración de lo que es y lo que será. La mentira, todo lo contrario.

Y en cierta medida, nos engaña porque el erotismo no es la punta de lanza de esta obra. El erotismo es la pieza para lograr el mate. Es un artificio fríamente calculado para acomodar, por la otra puerta, la verdadera intención de este trabajo literario que junto a otros puede formar parte de una propuesta para tesis.

Aviso de huracán

“La Isla te espera se agiganta, se pliega, se pinta de códices y se compone en múltiples ofrendas por ti, para que regreses”

Con este poema se plasma la síntesis de la integración y unidad del ayer y del hoy del Caribe, del ojo avizor de Betances. Julia es igual a hombre río; Alfonsina a hombre mar; Ángela María Dávila a animal fiero y tierno; Iris Miranda, hombre huracán. Ella, mujer isla; ella, el universo hecho mujer para que entre el huracán en sus fauces. Este es el deseo, este es el sueño, esta es la aspiración, esta es la agenda furtiva de la escritora en su mundo real.

Bernard Mulworf, en su libro Sexo y sociedad, nos dice: “Si el deseo no fuese del mismo tejido que lo imaginario, no habría erotismo.” Freud escribe: “El primer deseo es una representación alucinatoria de la experiencia reprimida o no.” Erich Fromm afirma: “…el amor es la respuesta al problema de la existencia humana”. El amor erótico tiene una premisa: Amar desde la esencia del ser y vivenciar a la otra persona en la esencia de su ser. Miranda conoce esas aseveraciones al pie de la letra y enfrenta su compromiso de ser humano, mujer y literata respondiendo con la seriedad natural de una mujer sexual planificada en una sociedad patriarcal y machista. Su voz levanta la bandera del género que representa sin destruir al otro. Al contrario, se vale de él para sobrevivir.

Eros frente a una mujer de carne y hueso es el color de su voz, que para armar la mujer, traspasa la angustia psicótica y entra a la apariencia de un mundo compuesto de amor fragmentado. El cuadro pasional va más allá del tacto o el encuentro. La ficción, el sueño, la fantasía y el deseo acumulado en extremos irregulares pueden incitar a la muerte o a la vida. Dice la Biblia: “Fuerte como la muerte es el amor.” Esta obra resiste las inclemencias del tiempo, el espacio y el silencio porque tienen la configuración de sombras reales e imaginarias que interactúan desde una verdad presente hasta una mentira verdadera. Por ello, la acción refleja dos personajes: el consciente y el inconsciente. La figura presente y la ausente. Cualquiera que sea el caso, Alcoba Roja convierte el escenario en una confrontación entre el yo presente y el yo irreal. Por eso existe una lucha, cuerpo a cuerpo, entre la visión del deseo pasional y la realidad del amor colectivo mucho más abarcador.

Reseña del libro de Iris Miranda, Alcoba Roja, por Chema Cotarelo Asturias

Tengo entre mis manos una estancia, un libro como una mariposa inquieta, con aire caribeño y fuego en sus entrañas. He leído sus poemas, hasta donde la fiebre me ha dejado. Son unos poemas que se notan muy trabajados, muy rotundos, con imágenes evocadoras y sugerentes, llenas de colorido. Poemas colibrí que revolotean la estancia, que pican el corazón, que traen y llevan aroma de flor y de sí misma. No es difícil sumergirse en sus versos; llenarse de gozo con ellos, inundarse de su fragancia exquisita. Tengo entre mis manos Alcoba roja, un poemario de Iris Miranda a quien tuve la suerte de conocer dentro del marco del III Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico, de tan grata memoria y cálido recuerdo.

El poemario refleja una madurez exquisita, con imágenes de ida y vuelta que muestran y ocultan al mismo tiempo. Semejan un vidrio que pende en el espacio y que puede ser visto desde ambos lados, pero cuya visión, es, siempre distinta. Poemas imperativos de invasión, de introspección en el amor, en la vida; de roces íntimos; poemas sensuales pero también reflejo de un sentimiento, de una postura frente al tiempo. Versos llenos de ilusión y de esperanza:” He pintado de esperanza cada esquina”. Versos desnudos, delicadamente sensuales con un  ritmo  que invita a desabrocharse el alma:”Tus labios escuchan el secreto/ de mi oreja púrpura…” Poesía en cuyo pozo subyace la nostalgia boricua, el olor del mar, los límites de la patria bajo la incesante lluvia plomiza que viene de lejos, crecida: “Con asomos de suicidio a nuestra inteligencia”. Llueve torrencialmente en San Juan y en la Alcoba roja de Iris Miranda se levantan pasiones líricas, sueños, anhelos, ritmos. Suspira, la voz lírica, por lo perdido, por lo dejado ir a algún sitio; golpea con fuerza las paredes de la página nívea hasta que un orgasmo de ideas, de inefables imágenes se derraman página abajo, hacia el vacío, el caos, la vida. Busca respuestas, se cuestiona, se pregunta “¿Quién soy yo? No me busco/ no sé si me pienso” ¡Cuántas veces no es la poesía una búsqueda, un estar, un espacio donde penetrar quisiera el alma para hacerse ella, eterna! Es el arte el que nos da la vida, no este amasijo de huesos que se extingue, se precipita, con lento sacrificio; no este polvo leve del que nos construimos. La poesía de Iris Miranda se adentra en ella misma para mostrarnos su palpitante voz. En alguno de sus poemas, el lector parece estar dentro, ver con los ojos de la poeta, sentir sus latidos; lo que ama y lo que pierde en cada huida, sentir sus deseos, sus silenciosas profundidades llenas de bondad y que levantan sensaciones amplísimas: “ de tanto arder en ti,/ y arder en mi, de tanto arder…”

Sin embargo, es en “Madre mariposa”, a nuestro juicio,  donde más sutilmente resume su naturaleza lírica; en los pocos versos para definir a su progenitora: “Leve, coqueta, vibrante/ cual mariposa/multicolor” Quizá también a eso se asemeje Alcoba roja, a un crisol de símbolos, a un calidoscopio que al girarlo compusiera constelaciones distintas desde la indecible soledad de las horas vacías, con sus decepciones y albricias. Esta profesora de español en la Universidad Politécnica de Puerto Rico completa el poemario con doce relatos breves, Zona púrpura, que dan cuenta y razón de su indudable talento para la narrativa llevada hasta el cuento de ciencia ficción.

Quizá por la pasión manifiesta que siento por Puerto Rico, tome prestados, con el oportuno permiso de la autora estos versos que para mí son muy significativos: “ La isla te espera, se agiganta/ se pliega, se pinta de códices/ y se compone en múltiples/ ofrendas por ti/ para que regreses”. ¡Ojalá, sea pronto!

Chema Cotarelo Asturias

22 de septiembre de 2011

Granada, España

Presentación de Alcoba Roja de Iris Miranda por el Dr. José E. Santos, UPR, Mayagüez

Alcoba roja de Iris Miranda es un cuerpo multiplicado, un conjunto heterogéneo de textos en los que la autora se redefine a partir de voces divergentes.  El texto lo constituyen tres poemarios (Versos de la alcoba, De un cantar de cantares y Versadillas) y una colección de relatos (Zona púrpura).  La unidad entre los mismos la aporta la constante sensación de impetuosidad de las voces en el discurso.  De esta forma el conjunto se proyecta como lo que anuncia: Entra el lector en una habitación llena de objetos particulares ubicados en partes distintas, cuya extrañeza y desconcertante belleza dan carácter y armonía a la recámara.

La primera colección, Versos de la alcoba, se caracteriza por una creciente intensidad expresiva que raya en la violencia, en un impulsivo desdén de todo temor matizado por instantes de reflexión granada. La declaración que abre el texto en el primer poema, “Estancia” (“He pintado yo misma estas paredes / que me angostan la frente y los espejos”), ya apuntan a una redefinición consciente de la voz, una estrategia de búsqueda en que se fragua un rescate: “Solo sé que en los sueños de alguien / me entristezco, / que el suspiro muchas veces ya no es mío, / sino del viejo callejón del perro / que de niña me corría / para no alcanzarme ni morderme”.  Este inicial impulso de rememorar se ve contestado por el gesto instigador del poema siguiente, “Invitación,  verdadera apertura en la que se desdeña la indiferencia y se interroga por el compromiso humano del poeta: “No cantes, dicen los señores; / mientras las arcas de sus almas, / se diluyen. / ¿Acaso habrá paz sin justicia; / acaso habrá Pan sin trabajo; / acaso habrá Poesía sin fuego?”  El poema que da nombre a la colección, “Alcoba roja”, ensaya un diálogo entre la textualidad onírica y la sexual.  Se privilegia la idea del consumo, que se manifiesta tanto en el implícito goce del sexo oral (“y tu nariz narra en mi clítoris / la gran venida del acabose”) como en la paridad sugerida de un paisaje presentido (“Los dueños de los caracoles / huelen la verdad de un aplaya / que se la come el mar”).  La sexualidad es entonces construcción activa gestada por la voz femenina.  Un instante en que se eleva la voz poética por sobre el imperio de los sentidos se da en “Ave”, verdadera presentación de la unidad entre propósito y escritura: “¡Salve, digo, a pesar de, / y cuenta las espinas del profeta! / ¡Salve sobre la cresta / vertiente de la ola catastrófica! / Mendaz olor perenne en el humo / que obliga a la sangre esquiva. / ¡Sálvame, irredenta!”.  La voz saluda inmersa en dilemas y exige de la poesía la salvación del sentido.  La colección termina con “Reencuentro”, que a modo d espejo reflexiona sobre la coincidencia del efecto real tanto en la voz poética, como en el objeto amado y en el lector, coincidencia que nos deja al filo de la esperanza: “…te pareces a la fe, / teórica y abstracta / amparándose / en la alegoría / de un final feliz”.

De un cantar de cantares es un conjunto más hilvanado y conciso.  Se trata de la celebración de un erotismo soberbio, un “yo” femenino que se impone y que impone la ruta del goce, de la pausa y del recuerdo.  En “Sulamita I” se ensaya la unidad entre escritura y deseo, entre trazo y fortaleza de voluntad que habrá  de sentirse a lo largo del conjunto: “Atráeme a tu papel, / a mí que soy estrella, / a tus cuarto deseosos de pasión / que en mi labio el vino / ha viajado / por tu cuerpo cual marea / de los fuertes que golpean / las murallas de esta tierra”.  El reclamo de unión se da en el instante final a modo de interrogación palpitante: “¿Por qué habría de seguir sola / junto a quienes me recuerdan, / sin ser tú, / nuestro poema?”  Es en “Credo” que se presenta la paradoja activa de volver creación misma a la creencia: “Tengo […] / la potestad de una diosa / para crearte un cuerpo / de hombre nuevo / a la semejanza / de mi amor”.  El hombre nuevo se define por lo tanto por la supuración ardiente de la mujer, lo que será la base para un nuevo pacto amatorio.  La presencia de la voz del objeto amado se sugiere en “Respuesta del Rey humano”, y la misma implica la aceptación de esta particular propuesta de renovación erótica.  Aquí la voz del amado afirma su nuevo propósito: “Traigo / el semen renovado / firme y seguro”.  A la vez se define a partir de la remembranza compartida: “yo recorría ríos de cólera / y no te hallaba / porque ya eras tinta / investida entre uñas”.   La posible inconformidad con el pasado se resuelve así en el vasallaje amoroso: “Soy sonrisa amante / en la noche escondida; / el deseo que te quiere / amanecer reina…”  Esta idea viene a culminar en “Esposo bueno”, poema en el que se esboza la creación de un nuevo orden.  El mismo se fundamenta en una equidad aparente, dada en el fruto del trabajo amatorio en el cuerpo de la amada: “Siembra / en cada curva alta / de mi cuerpo / una vid / e invita al orgullo / y a la dignidad”.  Este trabajo debe juntar lo sexual con lo intelectual para dar forma así a una totalidad equilibrada: “Riégame cada pedazo / con neuronas ágiles / llena mi sed con tu venida / y llega con firmeza / a mis esquinas”.   Ante tal estado de cosas no hay oposición que pueda evitar su proliferación: “Abramos, a la exuberante cosecha / de futuro / las puertas del ajeno mundo”.

En la tercera colección de versos, Versadillas, se combina la reflexión teórica, la inquietud amorosa y la afirmación del espacio íntimo familiar.  Fundamental y acertada es la expresión lograda en el primer poema, “Teorema en tiempo de flor”, verdadera suma del pensamiento estético de Miranda y tal vez el texto mejor logrado de esta oferta múltiple.  El poema pone a dialogar método y finalidad por medio de definiciones específicas que llevan a una conclusión cíclica.  Para Miranda, la verdad es una espiral, el filósofo es quien muestra sus recodos y el poeta es quien la mutila o modifica.  El final lleva al lector desde el origen hasta el instante estético, tal vez concebido como rastro: “Ayer semilla, / hoy flores, / mañana perfume”.  En “Versadilla o consuelo del poema andante”, Miranda continúa su reflexión sobre el instante de la redacción para llevarlo finalmente al rescate de la prístina niñez.  Comienza con la idea de que la labor se siente superior al instante mismo: “…sobre la imagen blanca / las partículas forman letras. / De pronto se vuelve en / torbellino que atormenta”.  La intranquilidad logra en el poeta la recuperación del tiempo aunque se defina a sí mismo desde el espacio de la locura: “Despierto, al menos eso intento, / y creo que enloquezco / que hay algo en mi cabeza / que no es digno del recuerdo…”  Los pedazos sueltos, los trazos de vida de la evocación imponen un giro que raya en el cinismo cauto: “Cuidado, que hablan de mi muerte / acaso la que vivo en intramundo / de amor que arranca / la lágrima idiotizante”.  El cinismo se revuelca y lleva a la burla del ser: “(soy más cuento que esos / que se han escrito una vez / con un millón de nombres diferentes.)”.  El poeta actúa pero admite quedar en el lugar del deseo: “…enciendo mi computadora / para fundirme en un deseo / de ser ceniza cegadora / en los pasos de una estrofa”.  La voz poética termina entregándose al abandono, a la negación sedante y estabilizadora: “Y para no despertarme / en la pérfida bohemia / de su canción mía, / le cantaré una nana a Morfeo / para que vele, con celo, / mi sueño de niña”.  La fe del poeta, sin embargo, se plasma en el rescate de la realidad misma, que en el poema “Mariposa amarilla” privilegia la experiencia amorosa.  La corporeidad reclama su injerencia vital al lograr sustituir la palabra frente al silencio de la caducidad: “Detiene mi caída, la ráfaga sonriente, su palabra; / y va en crescendo como una orquesta / de silencios , el silencio que me lleva / en los brazos de rieles subterráneos. / ¿A dónde ir si el eco se ha perdido?”  Lo que le queda a la voz poética es la esperanza, por leve que parezca: “Hablo con la estrella fugaz de un niño bueno / que promete / un regreso a futuros tiempos”.  La oferta poética culmina con la espera del tiempo, con la esperanza de lo que en bien el devenir haya de traer: “Mientras, espero, del reloj, en compañía / entre miradas, abrazos y besos sinceros”.

La cuarta sección, Zona púrpura, presenta la labor narrativa de Miranda, empresa que muestra grandes aciertos y el manejo de una voz entre lírica y paródica que gesta en el lector la posibilidad de una reflexión pormenorizada y significante.  Se vale Miranda de una multiplicidad de recursos que van desde el lirismo intimista hasta el discurso de ciencia-ficción, y logra de esta forma retratar incisivamente el perfil social y sicológico de nuestro tiempo.

El primer relato que comentaré es “Isa, el espejo Nar”.  En el mismo se presenta de manera detallada la imagen del narcisista, reflejo preciso del solipsismo que permea el entorno social de la Isla: “Soy hermoso, soy bello, ¿no lo ve? Me detengo a mirarme en cada reflejo que aparece a mi paso.  También soy respetable.  Estoy tan decidido a ser inmortal que ni el vaticinio que recibí cuando comencé a vivir podrá intervenir en mi futuro”.  La sentencia es fundamental.  Se procede así a trascender la fatalidad homérica.  El narrador-personaje se proyecta superior a un Aquiles, y por lo tanto, ajeno al tiempo y a las circunstancias.  Es por esto que la referencia a su matrimonio se vuelve anecdótica.  La relación se centra en él, en su proyección en el modo en el que la convivencia resalte su propia naturaleza.  Se destaca este elemento en un instante borgeano típico: “Mi hermosura la cautivaba y solíamos hacernos el amor con los ojos abiertos.  Su suerte, decía, consistía en que yo no concebía más realidad que la de los reflejos de mi rostro, especialmente, en sus enormes ojazos negros”.  El texto acaba siendo un ente que se auto consume.  Se cosifica a la mujer y se percibe como la misma va desapareciendo para el hombre y se implica con este proceso la desarticulación propia del hombre.

Otro relato que deseo comentar es “La magia del dragón”.  En el mismo se ensaya una remembranza lírica y atenta al celo de la niñez que se combina con espacios imaginarios absorbentes.  La degradación de la vida familiar sobresale en una redacción que a partir de la evocación lírica va presentando de manera granulada el desastre de una historia personal que al culminar la lectura funciona como el retrato de la desarticulación de la realidad social.  El asesinato es el medio por el que la locura se encarga de marcar las vidas del núcleo familiar presentado: “Con el paso del tiempo, mi padre nos halló, dijo que estaba medicado y parecía estar bien; pero anoche la encontró, allí, en su maldito infierno mental y le robó el suspiro mientras dormía con su cuchilla militar”.

Termino mi presentación comentando el relato “Ercalú Notovsky”.  En el mismo se presenta una metáfora del vampirismo por medio de la enajenación virtual.  El mundo cibernético se vuelve reemplazo del real, es decir, es ese nuevo mundo del “muerto viviente”.  Esta condición creciente lo que manifiesta finalmente es la inadecuación de ambos mundos.  El final del texto impacta y deja claro el mensaje vigente y presente: “Unigénito sobre la tierra y aún luminiscente, Ercalú Notovsky continuó divagando como en un sueño apocalíptico, tempestuoso y repleto de imágenes de agua, rayos y cúmulos desesperados, para luego expirar en la oscura y fantástica escasez de sí mismo”.

Es Alcoba roja, por lo tanto, el escaparate del universo comprometido e interesado de Iris Miranda.  Su humana preocupación por los hechos que erradamente destruyen las utopías sociales y personales nos llevan a la contemplación de una alteridad que logra manifestar el advenimiento de la esperanza por medio de una reconstrucción estética y espiritual.



6 responses to “ALCOBA ROJA

  • Iris

    Este libro está lleno de pasión, coraje y amor en muchas dimensiones. Estará disponible para la venta en Librería Mágica de Río Piedras a partir de mediados de septiembre.

    Una primera presentación estará a cargo del escritor y profesor universitario Dr. José E. Santos, el jueves, 22 de septiembre de 2011 a las 7 pm en Librería Mágica de Río Piedras, Ave. Ponce de León 1015, Río Piedras, Puerto Rico.

    Alcoba roja es un libro en el que convergen la poesía lírica y la prosa profunda de sus relatos breves que van de lo real a la ciencia ficción.

    Ver video del poema que da nombre al libro Alcoba roja: http://www.youtube.com/watch?v=7QgATFWzzuI

  • chema cotarelo

    A Iris Miranda, violeta frente a un verso, allá en mi San Juan de Puerto Rico, tan querido, como añorado en el tiempo.

    Para la presentación de tu libro
    te mando un senderito de viento
    con tenue luz de estrellitas
    al ladito de tu firmamento.

    Para la presentación de tu libro
    te mando un horizonte de versos
    fraguados en un alma niña,
    con fuego de sentimientos.

    Para la presentación de tu libro
    agüita de lluvia clara,
    y tenue sol de los adentros
    y un arco iris de hadas.

    Para la presentación de tu libro,
    un niño meciendo espejos
    y una guitarra que suena
    y una chiringa en el viento.

    y una mano que se alarga
    y un muy estirado silencio
    y tu, sola frente al mundo,
    Iris, violeta del Puerto.

    Chema Cotarelo Asturias

  • yely960

    Mucho éxito Iris!! desde La AMERICAN UNIVERSITY!!

    • yely960

      American University de Manatí.

      • Iris

        Gracias mil a la American University de Manati.. La actividad estuvo hermosa. El Prof. Santiago es un presentador excelente y certero. Por cierto le he dejado un par de ejemplares por si alguien de por alla desea obtener el libro.

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