Archivo mensual: octubre 2018

De margaritas

margarit

I. Vestida de margaritas

Juego a esconder mi piel

bajo la escarcha

vestirla de

de brizna constante

cubrirla de un margarital

de suaves paños

ocultar

el dulzor

y el

fulgor

de sus relámpagos

ser toda de polen

una camisa ancha

un abrazo líquido

un casi beso

ser tan luz en el frío

y muy fría en el doblez

de mi falda para que nunca me toques

sin antes amarme.

 

II. Pétalos impares

¡Qué huella honda es encontrar con quien reír

en donde el ser se sacia con lo simple!

 

III. Desnuda de margaritas

Hasta ayer me vestí de margaritas

para reír contigo.

En pétalos del sí, abría mi corola

como letrero de opening night.

En pétalos del no, soñaba

tu aliento macho, de carne y de Dos X.

Ya no me vestiré más así.

El desamor chupó de mí

todo el candor de la espera.

Solo quedó la sal de tu sudor

en mi camisa virgen

y el dulce falso del limón

de aquel primer beso hiriente.

 

De margaritas me deshojé sola,

para formar tu corona de muerte,

entierro de blanco y sonreír

en cada pélato

por ti.


Agúzate, que te están velando

Resultado de imagen para manos ensangrentadas de un ninoNo, no me refiero a eso que están pensando; sino al espacio personal, al espacio de la intimidad sexual al que normalmente podemos dejar entrar con plena conciencia en una edad de madurez mental, emocional y física.

Hoy hablábamos en clase del tema del acoso sexual y tocamos el caso del juez que está siendo evaluado por el Congreso de los Estados Unidos, Brett Kavanaugh y de su acusadora la Dra. Ford. Hoy hablamos de lo importante que es en la juventud cuidar de los impulsos hormonales, por así decirlo; y de que uno no puede espacar de su pasado. Inmediatamente, pasamos a la importancia de cuidar no cometer errores ni que los cometan contra uno; de hacer una reflexión y tomar la ruta de la sanación interior y exterior si la necesitáramos.

Entonces, un comentario rompió el aire con visos de locura socio-cultural. “Maestra, allá afuera a los grupos de los gays, se les están uniendo gente que quiere que se vea la pedofilia o el sexo con menores como parte del amplio espectro de la sexualidad humana.”  Le pregunté que si sabía que en Puerto Rico hubiera tal cosa y me dijo que no. Respiré. Si aquí hubiera tal movimiento pro sexo con menores, no se salvarían del ajusticiamiento social. Un estudiante latinoamericano aseguró que en su país, “esos animales” no llegaban a las cárceles.  Los actos lascivos contra menores de edad están tipificados como delitos y estos agresores suelen pagar doblemente, ya que, en la cárcel a pesar de todas las protecciones, siempre los harán pagar. A los presos no les importa que se diga que el pedófilo es un enfermo. Ellos saben que tal enfermedad requiere de mucho esfuerzo para sanar y que la mayoría no sana.

A mí, me resulta indignante que ante un panorama de amplitud sexual que las personas deseen vivir, pudiera verse como un tipo normal el tener relaciones sexuales con un menor.

Y no, no es lo mismo que los adultos consientan en tener relaciones entre ellos o con lo que sea, a que lo hagan con un menor. Los que piensen lo contrario, que vayan a buscar información a los especialistas de la conducta humana.  Tampoco estoy ciega, sé que en algunos hogares disfuncionales ocurren estas prácticas y que tanto niñas como niños forman parte de esta lacra social del abuso sexual de menores.  ¿Serán los pedófilos del futuro? Solo lo serán los que transformen su realidad en un sentimiento de relatividad. Esperemos que no sea así y que busquen ayuda para sanar ahora, lo antes posible antes de que su entorno los marque para siempre y se crean que su “deseo” les da derecho a hacer daño a otros.

Educar en cómo proteger sus cuerpecitos, es una parte. Instuirlo en casa de que debe decir todo lo que pase porque siempre lo amarás, es otra parte. Decirle que eres el superhéroe que será capaz de todo para librarlo de situaciones donde le puedan estar haciendo daño, es parte de, siempre que tú no seas el principal acosador. Un adulto responsable entiende que un hijo no se le confía ni a la brisa. La sociedad ha evolucionado. Las mujeres nos atrevemos a hablar (#me too), esperemos que los hombres también, pues el desahogo es el primer paso a la sanación.