Archivo mensual: septiembre 2012

Inquisidores y censurados en la literatura

El escritor debe protegerse de las trampas del ego y de sus mismos prejuicios. Aveces a algunos les da trabajo reconocer la labor ajena a su propia producción y esto podría pasarles, sobre todo a los que no leen a sus coetáneos, o a los que, ya montados en su ecuación de palabras, entran a la famosa torre y desde allí ven todo lo demás tamaño hormiga.

La literatura es un acto de valor, respetable en su forma primitiva desde el buen uso del lenguaje hasta el logro de llevar en su mensaje la imagen esencial del poeta. Esto requiere de humildad, amplitud de visión de vida y entendimiento de que es mejor escribir para sentirnos felices que escribir para llegar a la iusión de ser famoso. Dentro de ese espectro del buen uso del lenguaje al mensaje llevado podría pensarse que se trata de una fórmula simplista, pero no es así; es que, en el trayecto, cada escritor evoluciona, se enriquece, se transforma, cambia de temas y se actualiza como el cosmos mismo.

Hay que diferenciar entre la crítica constructiva y la crítica destructiva. La primera suele presentarse como sugerencias, la segunda como ataque o peor como censura o eliminación del libre flujo de información, las redes sociales, escuelas, prensa, librerías, bibliotecas, etc. El escritor joven o con experiencia que reciba la misma debe preguntarse, ¿quién es el que la produce y cuál es su intención?  Las respuestas serán afirmativas, cuestionables o positivas según el que la produzca y la reflexión que amerite, pero si no podemos saber quién la produce, entonces, solo una palabra puede elegirse para tal persona: cobarde.

Entre los escritores que conozco, no hay ninguno que use la palabra como escudo para taparse, ni que se oculte para decir lo que siente. Para ser escritor, no solo debemos dominar nuestro instrumento, ser creativos, estar conectados a la realidad y a las musas, sino también ser valerosos, observadores y genuinos.


El flamboyán y el colibrí

I

Cuando es verano y la lluvia se va

el árbol de fuego que florece

llama al colibrí:

“Colibrí, colibrí, bebe de las flores

que en mi copa están.

Llama a tus hermanos para celebrar.

De mis capullos y flores

rojas, amarillas  y azules

vengan todos mi dulce néctar a libar.”

II

Cuando el colibrí satisfecho se presta a marchar

conversa con el flamboyán para sus gracias dar:

“¡Gracias, gentil flamboyán, por invitarme a libar

las flores de tu copa de fuego.

Gracias, por darnos a todos

de tu néctar dulce y bueno!”

(Publicado en la revista electrónica En Sentido Figurado de sept/oct. 2012, en la sección de Entremés de Judy Allende.)


Flash creatio

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                                            A mis amigos poetas

La muerte es eterna, aunque no exista.

Han sembrado sus almas

en las ramas de los árboles

en sus troncos, el perfume

de sus pensamientos;

y, sus raíces hondas, penetrado,

las aguas profundas

de los códigos elementales.

Hay descenso de hojas al viento

alguien llora sin consuelo

alguien simplemente sonríe

y alza su brazo para dedicarle

nubes de amanecer

y de ocaso

mientras miran a través del párpado

y allí sonríes.

Los poetas, no mueren,

solo cambian de sueño;

se vuelven gusanos que se convierten

en mariposas

que se las tragan las aves

y por allí, de seguro,

el ojo del poeta se abre inmenso

y ya no importa más

que ser feliz

como cuando se sonríe valiente

trepados en la rama fuerte

y en ese instante uno se cree poeta

porque nos da miedo bajar a la tierra

de la que nos levantamos con el árbol

porque nos da gusto quedarnos

entre cantos de aves y hojas perfectas

para escribir.